Ya hace tiempo que no escribía, a pesar de la diversidad de sucesos que han acontecido en mi vida.
Estoy segura que ha sido el año que ha tenido mas impacto en mi vida.
Hoy quiero compartirles, con objeto de utilizar el medio de la escritura como forma de
cerrar este ciclo, que estuve en una de las batallas mas difíciles de mi vida (hasta ahora) y eh salido victoriosa.
Hace dos años comencé mi proceso formal en psicoterapia -y me refiero a proceso formal dado que considero que eh estado en proceso terapéutico toda mi vida- y el día de ayer logré cerrar dicho proceso. Hoy tome la decisión de dedicarle unas cuartillas a este capitulo de mi vida, ya que fue gracias a que me permití vivirlo, que eh logrado comenzar a hacer muchas cosas por mi misma que en el pasado parecían imposibles e inalcanzables.
Podría decir que me eh convertido desde las cenizas.
Durante este proceso, tuve que luchar contra los monstruos y los fantasmas a los que mas había temido, en algunas ocasiones mi alma tuvo que desgarrarse y volver a construirse de una tela mas fina y transparente mediante la cual pude ver en momentos, que llegaron a mi como destellos, las fibras mas frágiles de mi alma. Ahora se que la fragilidad no se trata de fuerza si no de delicadeza. asimismo durante este duro proceso tuve que decir adiós a partes de mi misma que se despidieron de mi casi aferrándose a quedarse y tuve que dejar que otras partes que no me agradaban tanto florecieran y resignificaran mi existencia como gotas de roció que renuevan los amaneceres.
En algunas ocasiones casi desistía de este arduo trabajo, por el cansancio y el agotamiento que una labor como esta representan, sin embargo aprendí que descansar incluso en los momentos que requieren estar mas alerta, es parte del proceso y que detenerte un segundo en la carrera que jugamos contra la libertad no significa quedarte en desventaja, si no que es un momento en el que dejas reposar a todas las partes que integran tu ser para tomar mas rapidez y lograr desplegar las alas y volar en lugar de correr.
Entonces a mitad del camino cuando mire hacia adentro, con los ojos abiertos y las manos rodeando mi cuerpo por temor a desintegrarme, comprendí la naturaleza de mi ser, comencé a respetar cada parte de mi, nació en mi como un instinto de maternidad en la futura madre, lo que yo llamaría instinto de amor propio, que me obligo a amarme y a respetarme a mi misma y a tomar este voto y compromiso como una ley en la constitución que me representa. Afloro en mi la feminidad, la masculinidad, el amor, la paz, el odio, la felicidad, las emociones mas negativas y las positivas comenzaron a tomar sentido, creció desde adentro una luz multicolor que ilumino todo de extremo a extremo, de adentro hacia afuera.
En ese momento extendí mis brazos y confiando como confía un recién nacido en el pecho de su madre, me deje caer al precipicio y flote, por que así debe de ser la vida, porque uno debe de confiar en su propio instinto aun cuando uno muera de miedo, porque algunas veces uno confía en todos menos en uno mismo y toma decisiones de las que depende su felicidad pensando en la felicidad de alguien mas y nuestro ser impulsivo quiere ser héroe y salvador de su familia, de sus padres, de sus hermanos, de su pareja y de sus amigos, interponiendo su propia esencia y dejándola secar. Por eso hoy después de tanto trabajo de tanta conciencia y de tanto analizar y sobre todo después de tanto actual frente a los cambios que se negaban a suceder, puedo decir que la historia personal se debe de escribir como el protagonista de esa misma historia.
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