domingo, 10 de enero de 2016

Día en la lavandería

Ir a la lavandería ha sido en realidad Todo una experiencia. Al principio no esperaba que fuera a ser un día distinto a los demás, cada tarde de domingo llegó, tomó asiento en las desgastadas sillas que comparto con distintas personas cada vez. La misma cajera, el mismo chico amable que me ha ayudado insistentemente y me ha tratado de explicar cómo es que se usa la máquina de lavado, porque una y otra vez eh sido demasiado despistada para aprender, la verdad es que cada vez que regresó eh olvidado por completo como es que se hecha a andar, mi culpa! 😛
Bueno pues esta vez ha sido un tanto diferente, tal vez fue la falta de compañía -como siempre- lo que me ha hecho detenerme a pensar "profundamente" en mi alrededor. 
 Bueno el punto es que: vuelta tras vuelta gira el contenido de las cajas metálicas, vuelta tras vuelta, como mis pensamientos giran en mi cabeza. Una y otra vez tratando de lavar la suciedad, al igual que mi mente, vuelta tras vuelta, tratando de purificar la suciedad de mi mente.
 Y el tiempo de espera, es desesperante si no has encontrado sentido a los hechos que suceden frente a ti. 
 
En los últimos meses, como en la vida de todos los seres vivos, he experimentado cambios impresionantes, uno de ellos fue el aprender a hacer cosas por mí misma. Cómo llegar a la lavandería y ser paciente, ser paciente con mis sentimientos, con mis pensamientos y con la vida misma. Y eh descubierto que de vez en cuando el vaciar la suciedad  que guarda el corazón es de vital importancia. 

Limpiar los pensamientos negativos, como las máquinas metálicas hacen con la ropa. 

Así poco a poco y con paciencia.

Por eso, así como eh aprendido de todo aquello de lo que hoy soy concierte, me tomo mi tiempo para disfrutar incluso de las actividades cotidianas más simples y sin importancia.

Escribiría aún más porque estoy llena de sentimientos en estos momentos, pero por hoy... Por hoy eh terminado de lavar no sólo mi mente, también la ropa sucia que acumule durante días 😛 
Y lo más importante... Ya sonó la alarma de lavado y secado.

 Es hora de ir a casa.